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Quesadeños víctimas
de la Santa Inquisición

Una popular curandera, el médico del pueblo, el boticario, el abogado y varios miembros de respetables familias de Quesada fueron condenados en Autos de Fe por el fanático rigorismo eclesiástico de nuestra "Santa" Inquisición.

(Publicado en la Revista Cultural de Quesada, agosto 1995)

Por Luis Miguel Sánchez Tostado.

La historia de los pueblos ha conocido trágicos momentos de represión y sometimiento al poder reinante, pero jamás duró tanto como los 342 años en los que, desde el establecimiento del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en 1478 (apoyado por los Reyes Católicos), se prolongó un larguísimo período de intransigencia, intolerancia y persecución de todo aquello que iba en contra de los fanáticos dogmas de la Iglesia Católica; y que alcanzó la Edad contemporánea en la que, como dijo Larra: "La Inquisición murió de vieja".

Duros Inquisidores como Fray Tomás de Torquemada en Madrid o Rodríguez de Lucero en Córdoba contribuyeron, con su tenebroso proceder, a envolver en una aureola de terror y misterio las vidas cotidianas de unos vecinos que se autovigilaban denunciando secretamente los delitos que perseguía el Santo Oficio. Tipologías delictivas que hoy nos infunden asombro, cuando no risa: Persecución de judaizantes y conversos, Proposiciones heréticas o escandalosas, Blasfemias, Hechicería, Alumbradismo, Bigamia o "Simple Fornicación".


Un bígamo despistado

En al Auto de Fe celebrado en 1558 se condenó por delito de bigamia a dos vecinos de Quesada a cinco años de galeras precedidos de 200 azotes. Pero uno de ellos, Ambrosio Marín, se libro del remo y el látigo de cómitre porque" contrajo segundo matrimonio por desconocimiento de que su primera esposa estaba viva". (1)


La hechicera del pueblo

En 1623 se condena a la quesadeña María Jiménez acusada, de una parte" de hacer cercos y rayas en el suelo poniendo una muñeca y un pan atravesado con agujas y alfileres, invocaba al mayor diablo del infierno y conjuraba al hombre al que pretendía exigir amor". También se le denunció por tratar con hechizos a un enfermo de retención de orina" conjurando demonios y a Da María de Padilla y a toda su cuadrilla"(2) porque, según decía, el enfermo estaba hechizado por el demonio de la carnicería y sólo se podía curar por medio de otro demonio.

Se defendió alegando que el marido de una amiga que estaba enfermo en Villanueva del Arzobispo lo trató con" un conocimiento de malvavisco, con hojas de parra, ungüento de lanio (especie de pájaro) y otras cosas más". También reconoció que a una amiga que había reñido con su marido le aconsejó que dijese esta fórmula:" con dos te miro, con tres te ato, la sangre te bebo y el corazón te parto". Lo demás, lo negó.

Fue gravemente reprendida y desterrada a seis años por el escándalo ocasionado.

A este respecto conviene aclarar que las hechiceras eran generalmente embaucadoras que pretendían vivir a costa de la credulidad de ignorantes que pagaban por la realización de pócimas curativas para restaurar virilidades desfallecidas, sortilegios de amor o para recuperar a una persona amada o perjudicada después de una ruptura(3), utilizando además el Cedazo, la Redoma, el Orinal y las Habas como mágicos visores del futuro.

Entre las invocaciones que realizaban con frecuencia las hechiceras se hacía al "Diablo conjuelo", pues parece ser que les era muy útil, así como la famosa oración a Santa Marta:

"Marta, Marta a la mala digo
que no a la Santa
a la que por los aires anda
a la que se encadenó
y por ella nuestro padre Adán pecó
y todos pecamos
y el demonio del poyo
al del repoyo
y al que suelta al preso
al que acompaña al ahorcado
al diablo cojuelo
al del rastro
y al de la carnicería
que todos juntos os juntéis
y en el corazón de entréis
". (4)


El fin de la familia Enríquez


Establecidos en Quesada y naturales de esta villa fue la familia Enríquez, judaizantes bien situados que ocupaban profesiones liberales con importante desahogo económico.

El 23 de Abril de 1724 la Inquisición se ensañó con esta familia y condenó a muerte a Gaspar Enríquez, pero éste pidió audiencia y en una nueva revisión se le sentenció a cárcel perpetua irremisible, cinco años de galeras, 200 azotes y confiscación de bienes.

También de Quesada era Gabriel de Anabia, médico del pueblo, condenado por practicar la "Ley de Moisés" a cárcel irremisible y 200 azotes. Igual pena re cayó sobre el abogado quesadeño Eugenio Enríquez Terrazas y su mujer Josefa Fernández. En el mismo Auto de Fe se condenó a la vecina de Quesada María Trinidad Villar, de 27 años, por haberse casado viviendo el primer marido. La sentencia fue destierro y 200 azotes.

La persecución contra los Enríquez se completó con un nuevo Auto de Fe celebrado a los dos meses del anterior en el que se condenó, entre otros, a Josefa Enríquez Díaz de Terrazas e Isabel Enríquez. (5)

En 1726 aparece otra quesadeña procesada por judaísmo: Juana Bárbara de Castro que fue condenada a cárcel perpetua e irremisible, confiscación de bienes y sambenito. (6)


El destierro del Boticario

Ya en sus últimos coletazos en el s. XVIII, la Inquisición condenó en 1731 al boticario de Quesada Luis Antonio de Castro, de 53 años, aunque le absolvía "ad cautelam", pero se le confiscó la mitad de los bienes y fue desterrado por ocho años de numerosos lugares: Quesada, Cazorla, Baza, Lorca, Granada, Albacete y Madrid, pero los primeros años tendría que pasados en la cárcel de penitencia de la Inquisición "para que persona docta le instruyera en la fe católica y le desengañase del judaísmo". (7)

Debe tenerse en cuenta que, después de las galeras, uno de las penas más temidas fue el destierro unido a la confiscación de bienes, constituyendo los castigos corporales un mal menor, ya que personas ilustradas y profesionales reconocidos se encontraron, de la noche a la mañana, desterrados y confiscados sus bienes con el único medio de subsistencia que la mendicidad en tierra extraña.

Valga, pues, nuestro recordatorio a título de tributo homenaje, a estos vecinos que fueron víctimas de una época que manchó de negro la historia de España y como crónica negra se recuerda.

____________________

NOTAS:

(1) CORONAS TEJADA, L "La Inquisición en Jaén". Diputación Provincial, 1991. pág. 133

(2) Hay quien sostiene que María de Padilla fue una famosa hechicera jiennense nacida sobre el año 1600 y que se hizo muy popular.

(3) ESLAVA GALA, J. "Historias de la Inquisición". Ed. Planeta. pág. 151

(4) CORONAS TEJADA, ob. cit. pág. 247 Y 248

(5) CORONAS TEJADA, ob. cit. pág. 274

(6) El sambenito (abreviación de "saco bendito") era un saco que debían llevar los penitenciados durante el tiempo que se estableciera en la condena y que lucía los emblemas del delito del que era acusado para su vergüenza y escarnio público.

(7) CORONAS TEJADA, ob. cit. pág. 275
 


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