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Investigación
El influjo de la luna y el crimen

¿Se cometen más crímenes en luna llena? Algunas investigaciones revelan una extraña relación entre las fases lunares y la conducta violenta del ser humano. El autor nos desvela algunos de estos misterios.

Luis Miguel Sánchez Tostado
(del libro “Crónicas del Crimen”)

"VER ENTREVISTA DE TV DE SÁNCHEZ TOSTADO"

La Luna, nuestro eterno satélite, gira y gira sobre la Tierra desde mucho antes de la aparición del hombre y su poder gravitacional ha llenado de mito, superstición y leyenda el folklore tradicional de todas las culturas.

Se cree que la aparición de la Luna como cuerpo celeste se debe al choque de un gran meteorito sobre la corteza terrestre hace unos 4.500 millones de años. Tras el terrible impacto saltaron al espacio salpicaduras de magma que posteriormente se unieron quedando atrapadas para siempre dentro de la órbita terrestre.

Desde entonces, la influencia sobre nuestro planeta, en ciclos reiterativos de 27 días, 7 horas, 43 minutos y 12 segundos (mes lunar periódico), ha propiciado toda una miscelánea de poderes ocultos desde las civilizaciones más primitivas. Tradiciones que nos hablan de licantropía (hombres que se trasforman en lobo en luna llena), lunatismo (la locura de los “lunáticos”) y todo un ejército de brujas con sus aquelarres y pócimas. El efecto de la luna sobre la tierra y, por extensión, su enigmática influencia sobre la conducta humana, nos ha colmado de fantásticas leyendas y Hollywood encontró todo un filón para sus producciones cinematográficas.

Pero, ¿qué hay de verdad y de leyenda en todo esto? ¿es cierto que los nacimientos y los crímenes se multiplican en noches de plenilunio? ¿hasta qué punto condiciona nuestras vidas la eterna presencia del satélite?


El influjo lunar

El hecho de que los científicos no hayan encontrado aún respuestas concretas a estas cuestiones y que entre ellos discrepen sobre tales circunstancias, no niega ni desmiente la evidencia de su influjo en las más variopintas facetas. Como sabemos, los ciclos de la Luna arrastran cantidades ingentes de agua oceánica produciendo la pleamar y la bajamar. En algunos lugares del globo las mareas alcanzan diariamente una altura de veinte metros. Para conseguir este efecto se precisa una gigantesca fuerza de rotación con una potencia aproximada de 14´5 millones de megavatios, equivalente a la producción de miles de centrales energéticas.

La fuerza de atracción de la Luna no es la única que actúa sobre la Tierra, también lo hace el Sol cuyo volumen es 26 millones de veces superior al de nuestro satélite, pero la gran distancia que nos separa de él (400.000 veces más alejado que la Luna) hace que su atracción corresponda a un 46%, lo que hace que ambas atracciones se compensen. Sólo cuando el Sol y la Luna se encuentran alineados, y esto ocurre únicamente en fases de luna llena (plenilunio) y luna nueva (novilunio), las fuerzas gravitacionales se unen y la atmósfera pare “combarse”. Incluso los bloques continentales se elevan unos centímetros y las mareas alcanzan la máxima altura.[1] Es lo que se conoce como “marea viva”. En las fases de cuarto creciente y cuarto menguante (cuadraturas) la Luna se encuentra formando un ángulo de 90º con respecto a la Tierra y al Sol, y existe un mayor equilibrio entre las fuerzas gravitacionales de ambos astros.

Multitud de organismos vivos responden a las fases lunares adaptando su vida a dichos ciclos, no sólo en su fase alimenticia sino, sobre todo, en su fase reproductora. Así se ha demostrado en los ciclos reproductivos de los peces. Las angulas europeas siempre emigran para desovar al mar de los Sargazos en cuarto menguante; ciertos tipos de cangrejos se reproducen en marea baja y los erizos, las ostras o los percebes, por ejemplo, condicionan su alimentación y su ciclo reproductor a la aparición de la luna llena.

Las plantas no escapan a esta influencia. Los campesinos conocen perfectamente que determinadas especies vegetales son altamente sensibles a las fases lunares y han de sembrarse con un minucioso control de estos ciclos. Se ha documentado que las plantas cuya parte comestible crece sobre la tierra (col, lechuga, acelga...etc) deben sembrarse en luna creciente mientras que los que la tiene en la parte subterránea (patatas, nabos y otros tubérculos) deben sembrarse en Luna menguante.[2] Si no se respetan estas reglas los rendimientos hortofrutículas disminuyen notablemente.

Algunos hortelanos jiennenses nos han comentado que si siembran los ajos en luna menguante crecerán sanos y hermosos. Si, por el contrario, se plantan en creciente “los tallos se suben” y el ajo es de pésima calidad. También en el olivar se deja notar esta influencia. Los olivareros saben que si las aceitunas de mesa para aliñar no se recolectan y se echan en agua en menguante, y se hace en creciente, su sabor amargará.


El ciclo reproductor

El hecho de que el ciclo menstrual de la mujer coincida exactamente con el mes lunar (28 días) y que su estado de gestación lo haga con nueve ciclos lunares exactos (266 días), no debe ser fruto de la casualidad.

En muchos países (también en España) las comadronas y parteras consideran que, según la fase lunar en que es concebido el hijo, se determinará su sexo. En la provincia de Jaén hemos recogido un viejo dicho sobre el particular:

“Si es [concebido] en menguante, será semejante [a la madre, o sea niña].

Si es en creciente, será diferente [varón]”[3]

Para profundizar sobre el particular solicitamos al centro hospitalario “Ciudad de Jaén” relación de los últimos nacimientos registrados. Puesto que el año 2000 no hubo concluido cuando se realizó la petición, decidimos analizar cada uno de los 3.136 partos atendidos en dicho Centro en 1999. Tras adjudicarle a cada nacimiento su lugar preciso en el ciclo sinódico lunar, realizamos el correspondiente gráfico donde se pudo verificar que los alumbramientos tienen una significativa frecuencia en los días inmediatamente posteriores a la luna llena.

Realmente se desconoce si este hecho es por que la concepción se rige por el tiempo lunar o por la fuerza gravitatoria de la Luna sobre el parto.


Luna y violencia

Pero la cuestión se complica en lo que atañe a otras conductas ¿hasta qué punto afecta el influjo de la luna a la conducta humana? Desde hace siglos se conoce como “lunático” el que padece una locura intermitente asociada a las fases de la Luna. La leyenda del hombre lobo (licantropía) no es más que una metáfora de lo que supone el tímido e imperceptible poder de la Luna capaz de liberar la “bestia” que todos llevamos dentro. Lo increíble es que, efectivamente, existen trastornos psicóticos que se ven verdaderamente influidos por la luna llena. Los psiquiatras han identificado la licantropía con los delirios de posesión. Estos enfermos se creen hombres lobo y su metabolismo sufre un gran cambio cuando hay luna llena. Aún no se ha podido determinar científicamente si estos delirios se producen bajo una presión psicológica basada en la tradición o si realmente les afecta la luna llena.

Pese a que parte de la comunidad científica asegura que la fuerza gravitacional de la Luna es insignificante para una masa equivalente al cuerpo humano, no es menos cierto que ninguno de ellos se atreve a asegurar que en nada afecta al hombre. En algunos países la policía redobla su vigilancia en plenilunio y se ha constatado que las salidas de bomberos y ambulancias aumentan en fases de luna llena y nueva.

En 1979 el psiquiatra estadounidense Arnold Lieberg publicó un riguroso estudio en el que demostró que la Luna puede alterar nuestros ritmos en lo que denomina “mareas biológicas” de una forma similar a como lo hace el mar.[4] Para demostrar su tesis realizó dos estudios estadísticos con una muestra suficientemente significativa de homicidios, suicidios y actos violentos. El primero se realizó sobre 1.887 casos en el estado de Dade County (Florida) y el segundo con 2.008 casos en Cuyahoga County (Ohio). En ambos demostró una periodicidad lunar estadísticamente significativa donde las cimas más elevadas del gráfico corresponden a las fases de plenilunio y novilunio, conocidas también como sizigias.

Por nuestra parte, para contrastar el estudio de referencia, nos hemos tomado la libertad de realizar una comparación práctica para la provincia de Jaén. Hemos analizado un centenar de los asesinatos y homicidios más violentos cometidos entre 1965 y 1995.[5] Para una mayor precisión tomamos como fuente la fecha exacta del ataque homicida (no la data de la muerte). El calendario histórico lunar se ha solicitado, vía Internet, al Observatorio Naval de los Estados Unidos, el cual nos ha proporcionado un desarrollo histórico de fases lunares con una precisión de minutos.[6]

Tanto para el gráfico de nacimientos como para el de homicidios hemos contabilizado cada suceso acaecido en periodos de 72, 48 y 24 horas antes y después de cada fase lunar. Tras adjudicar a cada crimen su lugar preciso en el ciclo hemos obtenido una sorprendente similitud gráfica con el trabajo realizado por el doctor Lieberg. El mayor número de asesinatos y homicidios fueron cometidos en fases de luna llena y nueva, precisamente en el punto de máxima atracción gravitacional del satélite.

Así mismo hemos analizado los suicidios producidos en el último decenio en el comarca jiennense de la Sierra Sur, zona que presenta una de las tasas más elevadas de España, donde observamos un espectacular y desconcertante aumento en la cuadratura de luna menguante.

Lo que está indudablemente demostrado –afirma el psiquiatra José Miguel López Ibor- es que la luna afecta a determinados ciclos circadianos y que éstos trastocan determinados neurotransmisores de nuestro cerebro, lo que a su vez explicaría la violencia que se desencadena en periodos de luna llena. De todo ello se ocupa la homobiología.


Crimen y luna en Jaén

Al examinar minuciosamente cada uno de los referidos cien casos de homicidio en la provincia de Jaén, pronto reparamos en que los crímenes cometidos en luna llena y nueva se diferenciaban de los demás por presentar un inusitado y descontrolado estallido violento en los que se destaca el ensañamiento. También nos llama la atención el papel jugado por la víctima la cual, en muchos casos, ha propiciado su propia muerte con actos de excitación y provocación previa; por ejemplo, en las reyertas masivas.

La mayor parte de las riñas multitudinarias con resultado de muerte que se han registrado durante el periodo objeto de estudio (1965-1995) han tenido lugar en fases de luna llena y nueva. Recordemos algunas de ellas.

Bajo la influencia de la luna llena[7], el 20 de noviembre de 1980, en el municipio de Noalejo se desató un enconado tiroteo entre dos familias del pueblo por una disputa de lindes. Fueron muertos un padre y su hijo.

El 3 de abril de 1982 (plenilunio) en el barrio del Cerro de Linares estalló una locura generalizada entre varias familias. La violenta riña, en la que se utilizaron numerosas armas blancas y de fuego, ofreció un dramático balance de tres muertos, cuatro heridos graves que debieron que ser hospitalizados así como un gran número de huidos. Entre las víctimas había un niño de catorce años.
El 18 de enero de 1984 (plenilunio) una explosión de violencia se desató en Torredonjimeno. Un individuo causó la muerte a un vecino de 60 años y acto seguido el pueblo se amotinó contra él y su familia que debieron huir viendo cómo eran destruidas sus casas en un acto de cólera masiva. El resentimiento popular se arrastraba desde el 19 de diciembre de 1980 cuando un miembro de la citada familia dio muerte a otro vecino también bajo la influencia de la luna llena.

El 6 de diciembre de 1984 (a 48 horas del plenilunio) se produjo en la capital jiennense el tiroteo que, a la sazón, se conocería como “el crimen del hospital viejo” y que aún se encuentra sin resolver.

Al año siguiente, 15 de agosto de 1985 (novilunio) se produjo una violenta reyerta multitudinaria en Jódar donde afloraron navajas y pistolas. Hubo un herido grave, tres leves y numerosos detenidos. También bajo la influencia de luna nueva, el 14 de abril de 1986, fue asesinado a tiros en plena calle de Jaén un hombre conocido como “Marchena”.

Bajo el influjo de luna llena hemos localizado terribles fratricidios cometidos entre miembros de la misma familia. El 15 de octubre de 1984, Eusebio G.F. acabó a golpes con la vida de su hermana en La Carolina. En Los Villares, el 6 de marzo de 1985 (plenilunio) Juan C.A. asesinó a su hermano asestándole ocho cuchilladas. En Jimena, en una noche de luna llena, una joven que había conseguido ocultar su embarazo dio a luz el 18 de julio de 1989 (plenilunio), momento en que acabó con la vida de su bebé asestándole setenta y tres puñaladas por todo el cuerpo con las mismas tijeras con las que cortó el cordón umbilical. Treinta y siete hachazos recibió un vecino de Martos de su propio hermano el 21 de diciembre de 1996. Parece ser que la víctima provocó el incidente.

También hemos verificado comportamientos extraños y disparatados que en su día causaron un extraordinario asombro. En Quesada, el 19 de mayo de 1985 (novilunio) un joven se cortó los testículos con una sierra “por una promesa”. En la ciudad de Jaén, coincidiendo con luna nueva, un médico apuñaló a su esposa y acto seguido intentó volar su casa con sus hijos dentro. Ocurrió el 21 de febrero de 1981.

Algunos de los crímenes sin resolver más famosos de la provincia también se cometieron coincidiendo sus fechas con fases de luna llena o nueva. En una cerrada noche sin luna se cometió el rapto y muerte de la pequeña Lupe en la Puerta de Segura en 1955. También es un misterio irresuelto el crimen del cadáver sin identificar en una cueva de Villanueva del Arzobispo. Aquella noche de luna nueva (19 de marzo de 1977) fue brutalmente golpeado en la cabeza y posteriormente calcinado. Igualmente los famosos crímenes del estudiante (22 de diciembre de 1983, plenilunio) y de la prostituta (18 de mayo de 1988, novilunio) tienen en común un autor hasta el momento desconocido.

Todos estos crímenes son una muestra de los casi setenta (de los cien estudiados) en los que la fecha coincide con el perigeo lunar (momento de mayor proximidad de la Luna a la Tierra) o con la mayor intensidad gravitacional del alineamiento Luna-Sol (sizigias), pero la lógica limitación de espacio nos impide poder extendernos más.

Nuestra vida se encuentra adaptada exclusivamente a la división solar e ignoramos la influencia que sobre nuestras vidas influye la división lunar. El doctor Lieberg está convencido de que en los individuos “algo desequilibrados” que se hayan en estado de receptividad positiva pueden verse inclinados a excederse en la naturaleza de sus ataques violentos. Es muy posible que la glándula pineal que se encuentra en el cerebro reciba la información de los cambios gravitacionales y electromagnéticos del entorno y sintetice una mayor cantidad de hormonas como la melotonina y la serotonina, responsables, entre otras, del comportamiento violento. Sea como fuere, es evidente que la Luna ejerce una misteriosa influencia sobre los comportamiento humano, animal y vegetal. El día que la ciencia desentrañe esta incógnita, tal vez se puedan poner los medios para adaptar nuestro ciclo vital con las fases de nuestro enigmático satélite y las demás fuerzas del cosmos.


[1] Robert Gerwin y otros, “El gran libro de los océanos”, Reader´s Digest, Madrid 1971, pp. 9-103.

[2] Joseph Scheppach, “Tu, yo, la Luna y el Sol”, edit. Muy, nº 138.

[3] Tradición oral recogida de varias comadronas y ancianas en la provincia de Jaén.

[4] Arnold L. Lieberg, “El influjo de la Luna”, edit. Edaf, Madrid, 1979.

[5] La información de cada caso se ha obtenido de los archivos históricos judiciales.

[6] U.S.Naval Observatory Astronomical Applications Departament. Phases of the Moon. http://mach.usno.navy.mil/cgi-bin/ También se puede acceder desde www.astrored.org

[7] Hemos denominado “influencia de luna llena” no sólo a la jornada de plenilunio (luna llena plena) sino a las 48 horas anteriores y posteriores a ésta, periodo en que ejerce su influencia 
  


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