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Investigación
El suicidio en Alcalá la Real

Causas todavía desconocidas perfilan a la comarca alcalaína como una de las de mayor tasa de suicidios de España. En el presente estudio L. M. Sánchez Tostado aporta nuevos datos que nos aproxima al fenómeno haciendo un llamamiento público.

Luis Miguel Sánchez Tostado
(del libro “Crónicas del Crimen”)


Cuando inicié los trabajos de investigación para el presente estudio varios especialistas en psiquiatría me aconsejaron un especial cuidado a la hora de abordar la información procedente de los suicidios. Se alude a una extraña mimética que con frecuencia se produce en personas con problemas psíquicos y que, impulsados por una fuerza desconocida, se lanzan al vacío de la desesperanza en un viaje sin retorno.

En el presente trabajo he intentado aproximarme a esta realidad tratando de moderar el componente morboso que este tipo de trabajos conlleva; explorando y, por qué no, alertando a las autoridades de la existencia de esta desconcertante conducta humana que reviste cierto carácter epidémico en la comarca de la Sierra Sur de la provincia de Jaén. Podría resultar absurdo, en los tiempos que corren, no abordar este asunto por tabúes y míticos prejuicios, pues no deja de ser un problema de salud pública al que debemos enfrentarnos con valentía, sin hacer oídos sordos sobre algo que está en boca de todo el mundo.

No es nuestra intención, ni mucho menos, hurgar sobre una “herida abierta” ni detonar intenciones larvadas. Todo lo contrario. Sólo pretendo acercar al lector a una triste realidad localizada en nuestra provincia y ofrecer, al mismo tiempo, algunos criterios de esperanza y la posibilidad de un cambio de decisiones con las que afrontar el futuro.

El hecho de atentar contra la propia vida es un fenómeno violento sobre cuya “voluntariedad” existen serias discrepancias. Se trata de un auto-homicidio, en ocasiones un premeditado asesinato cometido contra nosotros mismos viéndonos privados de cualquier rectificación o arrepentimiento posible. El respeto a la libertad de este supuesto acto “voluntario” queda mermada por un previo e intenso dolor psicológico. Supone pues, el mayor acto de violencia que puede cometerse contra uno mismo y su génesis no dista mucho de las motivaciones espontáneas y explosivas de otras muertes violentas. Sigmoud Freud aseguraba que en cualquier impulso suicida está presente la agresividad hacia los demás. Mediante un proceso inconsciente el suicida se identifica con el sujeto hostil y se lo introyecta ante la imposibilidad de exteriorizar su ira. Desde hace bastantes años se viene comentando, sobre todo en los círculos judiciales y médicos, las elevadas tasas de suicidio en la zona meridional de la Sierra Sur de la provincia de Jaén.


El mito suicida

¿Tiene el hombre derecho a decidir libremente sobre su propia muerte? Este es un debate milenario y profundo. La figura del suicida ha estado siempre rodeada de un fascinante halo de misterio que ha sumido en la leyenda toda una liturgia mítica de reencarnaciones, taumaturgia, maldiciones, almas en pena, superstición y hasta misteriosas eyaculaciones postmorten. Es legendario el debate sobre si el que abandona por voluntad propia esta vida es un héroe con el valor suficiente para escapar de este valle de lágrimas o si, por el contrario, se trata de un cobarde incapaz de hacer frente a sus problemas.

El fenómeno humano del suicidio ha sido elogiado y envilecido, loado y denostado a lo largo de los tiempos y en diferentes culturas. Entre los filósofos romanos y griegos el suicidio fue una vía de escape a las miserias de la vida. Los celtas y los íberos glorificaron esta acción hasta el punto de que ciudades enteras como Numancia o Sagunto se quitaron la vida antes de entregarse al enemigo. En la cultura oriental hacerse el “arakiri” era una cuestión de honor. Con la llegada del cristianismo el suicidio fue perseguido duramente acusando de homicidio a todo aquel que se quitaba la vida, función que correspondería exclusivamente a Dios. Por ello la Iglesia Católica ha negado, hasta fechas muy recientes, los oficios religiosos y la sepultura en el Campo Santo a los suicidas que eran relegados a los “corralillos de los ahorcados” de los cementerios municipales. Para la Iglesia el suicida moría en pecado mortal estando condenado al fuego eterno. Con tal perspectiva se redujo notablemente este fenómeno durante la Edad Media pero reapareció a partir del s. XVIII tras las obras de algunos poetas melancólicos que ensalzaron la muerte.

La obra “Westher” de Goethe fue prohibida en 1774 en muchos países de Europa porque su protagonista, un joven romántico que puso fin a su vida disparándose un tiro en la cabeza, desató una oleada de suicidios entre los adolescentes. En 1986 el cantante japonés de dieciocho años Yukiko Okada decidió suicidarse tras el abandono de su amada. Durante las semanas siguientes veintiocho quinceañeras le imitaron.

En España, como en el resto de países de su entorno, ni la tentativa ni, obviamente, el suicidio se hayan penados por la ley. Sí en cambio los inductores y los colaboradores necesarios a los que el código penal condena a varios años de cárcel.

Hecha esta introducción, centrémonos ahora en la zona geográfica objeto de estudio.


Fuentes y ficha técnica de la muestra

En todos los países existen determinadas zonas geográficas donde se contabiliza un mayor número de conductas autodestructivas. En la provincia de Jaén, la Sierra Sur destaca por presentar unos niveles significativamente elevados de suicidios consumados. Esta comarca está constituida por los términos municipales de Alcaudete, Castillo de Locubín, Frailes y Alcalá la Real.

Para el desarrollo del presente trabajo hemos consultado los Registros Civiles, los expedientes judiciales y los datos obrantes en el Instituto Nacional de Estadística (INE) así como diversas entrevistas realizadas a expertos. Con la intención de comprobar si se trata de un problema de reciente aparición o si, por el contrario, se detecta continuidad en el tiempo, optamos por recoger información de un intervalo cronológico lo suficientemente amplio. En este caso han sido cincuenta años, esto es, desde 1950 hasta 1999. Se ha preferido no incluir los años treinta y cuarenta pues los condicionantes socio-económicos y políticos de aquella etapa podrían contaminar la muestra al incluirse en ella casos de suicidios más relacionados con la desectructuración familiar propia de la guerra civil, la depresión de los vencidos, la represión de los vencedores y la miseria económica de los “años del hambre”.

Tras recopilar los suicidios consumados referidos al periodo 1950-1999, se ha calculado el promedio anual de esta conducta en cada población o aldea. Al mismo tiempo se ha obtenido un promedio demográfico calculando la media entre la población de derecho recogida en el nomenclator de población del INE y el padrón municipal de los años 1960, 1970, 1981, 1986 y 1996. Todo ello con el fin de obtener en cada municipio la tasa de suicidios por cada 100.000 habitantes (variable frecuentemente utilizada) y para comparar estos coeficientes con los del resto de las provincias españolas.

Por último es importante aclarar que los datos obtenidos se refieren a suicidios consumados. No se incluyen, pues, las tentativas de suicidio.


Conclusiones

Según el INE la tasa española es de 6´3 suicidios por cada 100.000 habitantes en ámbito provincial y 5´09 para las capitales de provincia.[1] La provincia de Jaén presenta un coeficiente del 8´8, variable que se reduce hasta el 6´7 para la capital. Este dato sitúa a Jaén en el puesto nº 19 de un listado de cincuenta provincias en relación a sus tasas de suicidios. Algunas provincias del interior como Lugo (con un 16´1), Soria (14´3) o Tarragona (12´9) presentan niveles muchos más elevados frente a Ceuta (1´4), Melilla (3´1) Santa Cruz de Tenerife o Valladolid (3´6) que poseen las tasas más bajas.

Entre 1950 y 1999 se produjeron un total de 273 suicidios en Alcalá la Real y su término, lo que supone una media de 5´5 actos suicidas consumados al año. Ello representa una increíble tasa de 26´5 por 100.000 habitantes en dicho municipio. Esta cifra, de por sí elevada, queda ridícula si la comparamos con aldeas como Las Grajeras (47´5), Charilla (42´8), Rivera Baja (37´4), La Rábita (36´8), Santa Ana (32´3) o La Pedriza (21´6) donde el coeficiente provincial (8´8) queda quintuplicado y sextuplicado. Si a estas cifras tuviéramos que sumarle los casos de suicidio en grado de “tentativa” (como lo hace el INE) los índices serían aún más espectaculares.

El resto de los municipios de la comarca de la Sierra Sur también presentan unas elevadas tasas de suicidio aunque significativamente menores que el término alcalaíno. En los últimos quince años Castillo de Locubín presenta un índice de 22´3, Frailes 19´4 y Alcaudete 18´7.

Analizados un total 334 suicidios en la comarca de la Sierra Sur[2] obtuvimos los siguientes datos:

Por sexos el varón alcanza el 70% de los suicidios frente a un 30% de presencia femenina. La modalidad utilizada en el 82% de los casos es el ahorcamiento y en menor medida la inmersión (5´9%), el arma de fuego (4´4%), la ingesta tóxica (4´4%) y la precipitación (2´6%).

En cuanto al estado civil el mayor porcentaje se da entre los casados (56´8%) seguido de los viudos (12´5%), solteros (7´7%) y separados (1´7%).


¿El origen del problema?

Los expertos entrevistados no ha podido ofrecernos una explicación rigurosa sobre la elevada tasa de suicidios en el término alcalaíno. En 1999 los psiquiatras Francisco Díaz Atienza y Antonio González Iglesias realizaron un interesante trabajo en el que estudiaron 135 casos de suicidios consumados en Alcalá la Real entre 1985 y 1998.[3] Pese a su valiosa aportación y una labor investigadora incesante “no disponen de un modelo explicativo que justifique tales conductas”.

En un día cualquiera se suicidan alrededor de mil personas en el mundo y, pese a los estudios realizados, nadie ha sido capaz de explicar por qué Hungría, por ejemplo, posee una tasa de suicidios quince veces superior a la de Grecia. Todos los especialistas coinciden en que en la génesis de la opción suicida deviene un trastorno depresivo, pero ¿por qué en determinadas y localizadas zonas geográficas estas conductas alcanzan niveles tan desmesurados?

Algunas hipótesis especulan con atribuir al aislamiento geográfico y social de las aldeas más pequeñas y a la ausencia de perspectivas laborales de sus lugareños el principal acicate depresivo que puede degenerar en tendencia suicida. Sobre todo a partir de los años sesenta y setenta cuando se verificó un desplazamiento masivo de habitantes hacia los núcleos urbanos más poblados tras el paulatino abandono de las cortijadas y caseríos.[4] Pero esta teoría se derrumba cuando reparamos en que, con anterioridad a ese movimiento, existían unas tasas de suicidios similares a la etapa posterior del citado desplazamiento demográfico. Debe tenerse en cuenta que otras comarcas serranas como las de la Sierra de Segura, por ejemplo, han sufrido y sufren un aislamiento geográfico mucho mayor que el de la Sierra Sur. La comarca alcalaína se encuentra tan sólo a 45 kilómetros de la ciudad de Granada y las de Segura o las Villas a más de cien de la capital más próxima y, en cambio, los niveles de suicidio son mucho más bajos. Más aún si tenemos en cuenta que, históricamente, los accesos a Alcalá la Real tuvieron una gran importancia. En su tiempo la ruta del califato que unía a Granada y Córdoba pasaba precisamente por la ciudad de la Mota.[5]

Hay quien defiende la existencia de algún condicionante genético hereditario. Ello podría explicar la existencia de tendencias suicidas localizadas en varios componentes de una misma familia. Así sucede, por ejemplo, en la aldea de La Rábita donde diez miembros de una conocida familia se quitaron la vida ahorcándose a lo largo de tres generaciones. Desconocemos si con anterioridad a 1950 existiría esta conducta suicida en esta familia, pero durante el periodo objeto de estudio se quitaron la vida el abuelo, cuatro de sus cinco hijos, un tío, tres sobrinos y una nieta. Los suicidios de esta unidad familiar constituyen el 66´6% del total contabilizado en esta aldea.

Estudiando el parentesco y las coincidencias de apellidos ciertamente se detecta alguna correlación en unas pocas familias pero no es, ni mucho menos, una tendencia generalizada. La cuestión que se suscita es si estos casos responden a una herencia biogenética o se trata de un “aprendizaje” asimilado inconscientemente bajo estímulos sociales y familiares. O tal vez una mezcla de ambos.

Precisamente esta teoría del aprendizaje en zonas de escasa densidad demográfica y bajo nivel cultural pudiera justificar la existencia de cierto componente psicológico que se encuentra larvado en algunos vecinos y que, a diferencia de otros jiennenses que no arrastran históricamente esta luctuosa “tradición”, no contemplen el suicidio como una desgarradora tragedia, sino como algo mucho más natural ligado a su vida e incluso a su propia historia. El suicidio podría ser para ellos una opción más para solucionar un problema que consideran grave en su vida. Lógicamente es la peor opción, pero tal vez no se tenga conciencia de ello. Esto podría justificar los típicos casos de mimetismo que hemos detectado en 45 posibles suicidios por “contagio”, los cuales ocurrieron en los días siguientes de conocerse el anterior y en la misma población o muy cercana.[6] Estos casos de “suicidio por contagio” o inmediatos suponen el 13% del total de suicidios contabilizados.

Algunos estudios postmorten recientes han detectado una anormal reducción de la serotonina (un neurotransmisor cerebral) en la mayoría de los suicidas examinados. También se contabilizan niveles muy bajos de ciertas encimas y hormonas así como del colesterol en sangre. Aunque no son definitivos, estos estudios dejan una puerta abierta a un futuro donde se pueda detectar con antelación suficiente los marcadores químicos que delaten con cierta fiabilidad al futuro suicida y pueda ser sometido a tratamiento. Pero todas estas teorías no explican por sí solas el fenómeno del suicidio. Los enfoques multifactoriales, esto es, la concurrencia simultánea de diversas causas de origen psicosocial, psiquiátricas, ambientales o biológicas parecen ser las menos erróneas.

Hoy por hoy, a la espera de nuevos avances, lo único que parece eficaz es la prevención, el diagnóstico y el tratamiento médico de los trastornos depresivos. Las campañas informativas y de concienciación social especialmente dirigidas a los sectores sociales donde se evidencia la confluencia de factores de riesgo son, en la actualidad, muy polémicas por la existencia de un “miedo crónico” a reabrir un debate tabú.

Las autoridades sanitarias deberían retomar la inquietud pública sobre este asunto y aportar mayores medios técnicos y humanos para la realización de un estudio definitivo que determine, con la suficiente aproximación, las causas de este problema. Conviene romper cuanto antes con el círculo vicioso e invisible que une a muchas personas con un futuro trágico y alimentarlos en la esperanza de que el suicidio es la peor opción y que “todo se soluciona menos la muerte”.


Notas

1 Promedios obtenidos del decenio 1989-1998. INE, “Estadística de suicidios en España, 1998”, edit. INE 1999, pp. 12 y 13. Estas cifras contienen las tentativas de suicidio con lo que el número las tasas de suicidios consumados deben ser sensiblemente inferiores.

2 Del total de suicidios estudiados, 273 corresponden al municipio de Alcalá la Real y su término durante los últimos cincuenta años (1950-1999), el resto a los términos municipales de Alcaudete (34 casos), Castillo de Locubín (21) y Frailes (6) correspondientes al periodo 1985-1999.

3 A. González y F. Díaz “Suicidio y trastorno mental en la comarca de Alcalá la Real. A propósito de 135 casos (1985-1998)”

4 Por regla general las estadísticas de suicidios en el ámbito rural español son siempre más elevadas que las capitales de provincia. Vid. INE, ob. cit.

5 Las teorías que defienden las explicaciones del suicidio como un fenómeno social fueron iniciadas por Emile Durkheim en el siglo XIX.

6 Para el recuento de los suicidios “por contagio” se ha tenido en cuenta el hecho de que éstos se produzcan en la misma población o muy próxima y antes de los diez días siguientes al suicidio anterior.

 

 
Modalidades autodestructivas

Las modalidades suicidas varían según las costumbres de cada zona geográfica pero por lo general se utiliza el medio que se tiene más al alcance. Si en las capitales de provincia es frecuente la precipitación y la intoxicación medicamentosa, en el ámbito rural el ahorcamiento o la utilización del arma de fuego es lo común. En las zonas próximas a las líneas de ferrocarril es frecuente arrojarse al tren y en aquellos municipios atravesados por ríos caudalosos algunos suicidas, en especial los de mayor edad, optan por arrojarse desde algún puente.

En ocasiones el método utilizado es muy rebuscado y espectacular. El 7 de diciembre de 1980 se produjo una tremenda explosión en la habitación nº 109 del Hotel Europa de Jaén. Un ingeniero técnico decidió poner fin a su vida activando una bomba sobre su pecho fabricada por él mismo con 200 gramos de Goma-2.

Otra modalidad es el “suicidio salvador” mediante el cual algunos personas que sufren ciertos trastornos psicóticos arrastran violentamente con él a otras personas. En la provincia de Jaén hemos localizado varios casos aunque tal vez el más espectacular se produjo en Linares en 1964 cuando un vecino abrazó por la espalda a la mujer a la que amaba detonando entre ambos un cartucho de dinamita (véase capítulo siguiente: El drama del barrio de Santana).

Ocasionalmente produce una gran alarma lo que se conoce como “suicidio colectivo” en determinadas sectas cuyos adeptos se han dejado inducir por la fanática figura de su predicador quien les promete vida eterna a través de profecías apocalípticas. Sus efectos son demoledores. Recordemos el caso de la secta conocida como “Culto del Templo de los Pueblos” en 1978 en la Guayana donde se suicidaron 913 personas, o el de la “Orden del Templo Solar” en 1986 dirigida por Luc Jouret.

Otro aspecto muy polémico del suicidio es la Eutanasia o el derecho a decidir sobre la propia vida entre enfermos terminales o personas con un nivel de imposibilidad física irreversible. En España, a raíz del suicidio televisado de un tetraplégico en enero de 1998, se abrió un enconado debate sobre los partidarios del derecho a la vida y los que defienden su carácter humanitario al privarles de largos e innecesarios padecimientos y una vida atormentada. Controversia que adquirió actualidad tras el anuncio de su legalidad en Holanda en noviembre del 2000.
 
 

 
COLABORACIÓN:
El suicidio, un fenómeno de creciente impacto sanitario
Por Dr. D. Francisco Díaz Atienza
Psiquiatra


Las conductas suicidas se han convertido en un grave problema de salud pública. La mortalidad anual de España es de 6´5/100.000 habitantes, y entre los jóvenes de 15 a 25 años se ha erigido como la segunda causa de mortalidad después de los accidentes de tráfico. Las conductas suicidas pueden surgir en cualquier persona aparentemente sana, aunque con frecuencia concurren una serie de factores de riesgo que favorecerían la emergencia del estado mental suicida. Estas circunstancias son la depresión, la soledad, la desesperanza, el bajo autoconcepto de sí mismo y las expectativas positivas del suicidio. Igualmente son factores predisponentes la impulsividad, el alcoholismo, el escaso apoyo social, la enfermedades psquiátricas, la baja tolerancia al estrés, la presencia de conductas suicidas en el entorno y la existencia de intentos previos. El estado mental suicida de cada individuo también dependerá del periodo evolutivo en el que se encuentre y será diferente según se trate, por ejemplo, de un joven o de una persona mayor.

A pesar de la frecuencia de las conductas suicidas aún existen una serie de tópicos sociales a cerca de tales conductas y que están hipotecando la puesta en marcha de técnicas de detección adecuadas y la ejecución de programas preventivos en las poblaciones de riesgo.

Algunos de los mitos falsos más frecuentes en torno al suicidio son:

• Aquellos que hablan del suicidio, no lo hacen. Es conocido que de diez personas que se suicidan, ocho han comunicado sus intenciones.
• Aquellos que se suicidan estaban verdaderamente decididos a morir. La persona que se suicida es ambivalente, pues no es la muerte lo que buscan sino poner fin al sufrimiento. La intención de los profesionales será llegar a comprender esta ambivalencia y ofrecer una solución portadora de esperanza.
• El suicidio se produce sin avisar. Normalmente el suicidio es la consecuencia de un proceso en el transcurso del cual la persona ofrece los signos de su malestar y sus intenciones suicidas. Conocer estos signos y el proceso suicidario es determinante en su prevención.
• Hablar del suicidio a una persona perturbada le dará la idea de pasar a la acción. Es importante hablar abiertamente del tema con la persona que manifiesta intenciones de suicidio al mismo tiempo que se intenta ofrecer caminos alternativos a sus intenciones.

Por tanto, de cara a la prevención, una de las cuestiones más importantes es empezar por hablar del problema. Con frecuencia uno de los obstáculos con los que nos encontramos es la relación humana que envuelve la problemática del suicidio. Los familiares, los amigos íntimos, los profesores..., parecen haber hecho votos de silencio. Da la impresión que existe la decisión de no hablar del tema quizás por la creencia de que, de esta manera, se espantan los sentimientos negativos de vergüenza, de culpabilidad, o el poder mágico mediante el cual podría inducir a otros o a uno mismo conductas parecidas.

Los profesionales de la salud, de la educación y otros agentes sociales deben de disponer de mecanismos apropiados de detección de la ideación suicida para hacer frente de forma abierta y sin prejuicios, ofreciendo ellos mismos soluciones, o bien remitiendo a la persona en riesgo a los centros especializados. Cualquier persona afecta de ideas de suicidio deben saber que no están solas, que los momentos malos son transitorios y que disponen de una serie de servicios públicos a los que pueden acudir y solicitar ayuda.

En el Centro Hospitalario Princesa de España de Jaén hay un servicio de psiquiatría de urgencia las 24 horas y seguramente cerca de su domicilio también dispondrá de un equipo de salud mental donde podrá ser atendida por médicos psiquiatras y psicólogos clínicos. El suicidio nunca será la solución pues la muerte es irreversible, sin embargo los problemas son transitorios y siempre hay posibilidades de cambio para las situaciones que nos parecen insuperables.

[1] Promedios obtenidos del decenio 1989-1998. INE, “Estadística de suicidios en España, 1998”, edit. INE 1999, pp. 12 y 13. Estas cifras contienen las tentativas de suicidio con lo que el número las tasas de suicidios consumados deben ser sensiblemente inferiores.
  


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