Inicio   |   Biografía   |   Libros   |   Premios   |   Prologuistas   |   Videos   |   Contactar con autor   |   Ebook   |   Pedidos

 
 Síguenos en:
 Facebook
aa
 Twitter
 Narrativa
 Novela
aa
 Relato breve
 Ensayo
 Obras
 Historia
 Trabajos

 Investigación
 Criminología
 Trabajos

 Investigación
 Ámbito penitenciario
 Trabajos

 I muestra
histórico-gráfica
 Prensa
 Prensa escrita

 Televisión y radio
 
Investigación
Las hermanas Tostado

De izquierda a derecha las hermanas Felisa y Josefa TostadoUna investigación de Luis Miguel Sánchez Tostado conduce a un descubrimiento sorprendente: su madre no era hija única, siempre tuvo una hermana. Tras numerosas pesquisas consiguió en 2005 que las hermanas se conocieran por vez primera tras 63 años.

Por Luis Miguel Sánchez Tostado


He de confesar que una de las experiencias que más me impactaron fue cuando descubrí que mi madre no era hija única, que tuvo una hermana a la que nunca conoció.

Durante los últimos años ayudé a muchas personas que contactaban conmigo para localizar documentación sobre ancestros desaparecidos o fusilados en Jaén durante la guerra civil, o mostrarles el lugar donde fueron inhumados. Un ejemplo fue el caso de Francisco Pacheco, desaparecido durante 58 años y que describo con mayor profundidad en otro capítulo. En septiembre de 2004 –no recuerdo el día- me hallaba consultando las actas de defunción del registro civil de Jaén para la elaboración del censo de víctimas de la guerra. El encargado del registro, en base a autorización que me fue expedida por la Dirección General de los Registros y del Notariado, me permitió, amablemente, que yo fuese tomando los tomos para consultar las actas. Al coger el tomo correspondiente a 1939 recordé que fue el año en que nació mi madre. Manudo año para nacer -pensé.

Mi abuela Ana –Mamana como le llamábamos- fue una de las personas más buenas y entrañables que he conocido. Sacó a su hija adelante completamente sola en tiempos de gran necesidad. Recogía aceituna y trabajó hasta que se jubiló como criada en la casa del Registrador de la Propiedad de Jaén. En vida evitaba hablar del abuelo. A penas unas frases tímidas para referir, ante nuestra insistencia, que fue guardia de asalto durante la República y que tuvo que huir de Jaén cuando acabó la guerra muriendo al poco. Esa fue la razón de que mi madre nunca conociera a su padre. En 13 de abril de 2002 Mamana falleció y posiblemente se llevó a la tumba más información de la que en vida refirió. El silencio de los difuntos no es mayor que el que, en vida, guardaron los supervivientes de aquella terrible guerra y de la posterior dictadura militar. Experiencias marcadas a fuego y temores que sólo pueden entenderse por la longevidad de la represión y el hábito del silencio como técnica de supervivencia.

Aquel día, como digo, abstraído en aquellos pensamientos, abandoné los libros de defunción y busqué el acta de nacimiento de mi propia madre. Josefa Tostado Cano, nacida el 10 de enero de 1939, hija de Víctor Tostado Arias y Ana Cano Fernández. Fue inscrita por su padre cuya firma quedó estampada en la parte inferior del acta. En ese documento se hacía constar que el abuelo Víctor era natural de Almoharín un pequeño municipio próximo a la sierra de Montachez (Cáceres).  Sentí la necesidad de conocer más a cerca de mi abuelo. Durante varios días indagué en varios municipios extremeños. Con la ayuda de varios funcionarios municipales, consulté el censo municipal y el listín telefónico de Almoharín intentado localizar algún vecino con apellido “Tostado”. Tras no pocas gestiones supe que la familia de mi abuelo se estableció, años antes de la guerra, en el municipio de Arroyomolinos de Montachez (Cáceres). Allí centré mi investigación. También me puse al habla con Antonio Cano Fernández, único hermano superviviente de mi abuela que residía en Francia desde los años sesenta:

- “Yo conocí a tu abuelo –me dijo por teléfono con su voz quebrada- Pertenecía al 76 Compañía, 19 Grupo de Asalto y estuvo destacado en Jaén, Villargordo y Baza. Tuvo que huir, como mucha gente, cuando los fascistas entraron en Jaén. Al acabar la guerra tu abuela me pidió que escribiera una carta al cura de Arroyomolinos de Montachez para saber de él. Victor Tostado AriasAl cabo de un tiempo nos dijo que había muerto. No supimos más.

Desconocía la fecha exacta de su óbito por lo que tuve que realizar un rastreo por todas las actas de defunción del registro civil de Arroyomolinos desde 1939. Al fin la encontré. Su lectura me dejó perplejo. Según el registro civil Víctor Tostado Arias falleció el 17 de noviembre de 1947 a consecuencia de un cáncer de garganta. Se encontraba casado con Agustina Cañamero Jiménez añadiendo que “queda una hija de este matrimonio llamada Felisa“. Ni una sola referencia a su anterior hija legalmente inscrita en Jaén. En aquel momento descubrí que mi madre tuvo una hermana llamada Felisa Tostado Cañamero y que jamás lo supo. Deduje que aquella carta del cura que citaba el tío Antonio y que daba por muerto a mi abuelo en 1939 debió tratarse de un error ¿o no? Pudiera ser que el sacerdote confundiera a Víctor con alguno de sus hermanos asesinados o fusilados precisamente en 1939; o tal vez el presbítero, barruntando problemas, cubriera el caso con el recatado velo de una mentira piadosa.

No quise dar la noticia a mi madre hasta indagar más. Necesitaba averiguar si aquella niña llamada Felisa murió o vivía. Localicé el acta de nacimiento de Felisa, nació el 25 de agosto de 1942, era, por tanto, dos años y siete meses menor que mi madre. A partir de ese momento me centré en localizar a Felisa la cual, de estar con vida tendría 63 años. Hablé infructuosamente con varios ancianos del pueblo. Nada sabían. Demasiado tiempo transcurrido. En el censo municipal de Arroyomolinos de Montachez localicé la existencia de una persona con los mismos apellidos de Felisa: Ana Cano FernándezAdrián Tostado Cañamero. Las últimas noticias lo hacían en Madrid. Conseguí su número de teléfono y le llamé. Era un anciano encantador que rompió a llorar cuando hurgué en sus recuerdos. Me dijo que Felisa era su prima hermana, se separaron hacía más decuarenta años y nunca volvió a saber de ella porque se marcharon del pueblo. Fue Adrián quien me informó de las penalidades sufridas por la familia Tostado, perseguidos y represaliados durante la dictadura franquista por combatir en el bando republicano.

En pocos días la información se me acumulaba y no alcanzaba a comprender cómo en sesenta y tres años nadie se molestó en conocer más. Juan Francisco Tostado Bautista (mi bisabuelo) se casó en Almoharín con Simona Arias Fernández con la que tuvo diez hijos (Vicente, Julián, Víctor, Luisa, Aquilino, Valeriano, Rosalía, Manuela, Dionisia y Francisca). Vicente fue asesinado por un grupo de falangistas a las afueras del pueblo, Julián (padre de Adrián) fusilado en un pueblo de Badajoz, Aquilino encarcelado durante muchos años y Valeriano huyó al exilio. Víctor (mi abuelo) se libró de aquella persecución porque durante los primeros meses de dictadura estuvo escondido y cuando se presentó no había cargos contra él porque estuvo ausente de Cáceres durante toda la guerra.

Al fin, un vecino de Arroyomolinos llamado Honorio me confirmó que Felisa residía en Granollers (Barcelona) y que tuvo cuatro hijos. Incluso me facilitó el teléfono de una de sus hijas llamada Marta que debía ser prima mía. El paso siguiente era lo más difícil ¿Cómo comunicar a esa familia y a mi propia madre tan impactante noticia? ¿Cómo se lo tomarían? Recuerdo la tarde que marqué el teléfono de Marta y de cómo el pulso se me aceleró hasta casi bloquearme.

– ¿Digui?
– Buenas tardes… ¿es usted hija de Felisa?
– Sí.
– ¿Su madre vive? –pregunté con voz temblorosa.
– Pues sí ¿Quien es usted?
– Verá…. su abuelo…. estaba investigando…. es que su abuelo también es el mío…. ¿su madre vive en Granollers?... En la guerra estuvo en Jaén… mi abuela se llamaba Ana…. ufff… usted y yo somos primos…
– ¿Cómo dice? Perdone, me he perdido completamente.
– Disculpe, es que estoy muy nervioso. Empezaré por el principio
– dije tras una honda inspiración.

Conté a Marta mi descubrimiento y no salía de su asombro. Las hermanas Tostado y algunos de sus hijos en el momento de conocerse en la estación de EspeluyEse mismo día corrió a contarlo a sus hermanos Marifé, Andrés y José Luis Donoso Tostado, los cuales se reunieron con Felisa para darles la noticia de la mejor manera que supieron. A media tarde sonó mi teléfono. Era Marta.

– Luis Miguel, te paso a mi madre
– me dijo con voz nerviosa.

Aquel segundo fue el más largo del mundo. El corazón me latía de tal forma que parecía querer zafarse de mi pecho para huir ante aquella comprometida situación. Por fin escuché la voz de la persona que andaba buscando con tanto ahínco. Era Felisa, la hermana desconocida de mi madre. Los dos rompimos a llorar e iniciamos una atropellada conversación en la que todo eran preguntas y respuestas. Le dije que no llamara a mi madre hasta el día siguiente, necesitaba tiempo para prepararla. Demasiadas emociones en tan poco tiempo.

Cuando conté a mi madre que tenía una hermana y que había hablado con ella su espíritu fue un clamor. Luis Miguel y Pedro José Sánchez Tostado junto a las hermanas Felisa y JosefaReía y lloraba en una extraña miscelánea de sentimientos encontrados difíciles de explicar. No es fácil ubicar en la vida propia a una hermana que nunca existió, admitir en tu vida, sin más, a personas completamente desconocidas. Pese a todo, el deseo de conocerse, de saber la una de la otra, de recuperar el tiempo perdido se impuso a la ansiedad de un descubrimiento tan importante como tardío. Se habían perdido la infancia, la adolescencia, la juventud, los cumpleaños, sus propias bodas, el nacimiento de sus hijos, los buenos momentos y los menos buenos, esos que sólo se comparten entre las personas más allegadas. Tiempos que merecían haber compartido; pero el destino, caprichoso a veces, quiso que crecieran desterradas una de la otra nada menos que 63 años. Toda una vida.

Finalmente las hermanas hablaron por teléfono, lloraron y prometieron verse muy pronto. Y así fue. El 11 de enero de 2005 Felisa Tostado (junto a su esposo Andrés Donoso y sus hijos Marifé y Andrés) viajaron a Jaén y en la estación de Espeluy las dos hermanas se abrazaron por primera vez. Aquel encuentro, que duró varios días, sirvió para certificar la calidad humana de esta familia extremeña y para unir unos lazos que nunca debieron quedar sueltos. En Marzo tocó el turno a Marta y a su esposo Emilio. Todos ellos, y nosotros, entre comilonas y bailes, celebramos la fortuna de habernos encontrado.

Las hermanas Tostado, pese a la distancia que las separa, están dispuestas, no a recuperar el tiempo perdido porque eso es sencillamente imposible, pero sí a sentir en lo sucesivo el calor, la complicidad y el cariño de la hermana que siempre desearon tener. Nuevos primos. De pie: Mercedes, Amancio, Luis Miguel y Pedro. Sentados: Marifé y Andrés Donoso El brillo de sus ojos cuando hablan delata que así sería. Y así ha sido desde entonces.

En España hubo cientos de familias rotas por la guerra civil, aún quedan miles de hermanos sin conocerse, huérfanos, expósitos o niños de la guerra que crecieron sin conocer su propia realidad, familias exiliadas, padres movilizados, ejecutados, desterrados, mujeres preñadas, destinos inciertos. El ejemplo de las hermanas Tostado nos enseña que es preciso indagar sobre nuestros antepasados desaparecidos en la guerra o en la dictadura inmediata. Afortunadamente el destino cruel que separó a las hermanas Tostado ha querido regalarles un guiño tras más de sesenta años.




  


‹  Volver al inicio
 

© Todos los derechos de imágenes y textos reservados por el autor, Luis Miguel Sánchez Tostado.

Diseño y desarrollo web