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Investigación
El caso Pacheco

Una investigación de Luis Miguel Sánchez Tostado permite exhumar los restos de Francisco Pacheco, asesinado en el Valle de Alcudia (Ciudad Real) hace cincuenta y ocho años.

Luis Miguel Sánchez Tostado
(del libro “La fosa del Tamaral”)


Una de las experiencias más sorprendentes y gratificantes que he tenido la oportunidad de culminar fue, sin duda, la investigación realizada sobre la figura de Francisco Pacheco Moreno, un enlace de la guerrilla antifranquista en Sierra Morena desaparecido en agosto de 1945. El proceso de investigación sobre su paradero dio como resultado la localización y exhumación de sus restos siendo posible, al fin, reunirlos con los restos de su esposa, Dolores Capilla Moreno, en un emotivo acto celebrado en el cementerio de Andújar (Jaén) en diciembre de 2004. Se da la sorprendente circunstancia que, desde su desaparición en 1945, la familia no volvió a tener noticias suyas, ni conocimiento de su muerte, incluso sospecharon que hubiera sobrevivido y alcanzado el exilio francés.

La exhumación realizada en la fosa del Tamaral, una diminuta aldea de la comarca del Valle de Alcudia-Sierra Madrona (Ciudad Real), ha puesto fin a una incertidumbre que ha durado demasiado tiempo.


La investigación

Todo empezó al hilo de un trabajo biográfico sobre la vida del jefe de la guerrilla Francisco Expósito Prieto, más conocido como el “Gafas” que lideró la 21 División de la 2ª Agrupación Centro de Guerrilleros con bases en Sierra Morena entre 1944 y 1948. “El Gafas”, uno de los guerrilleros antifranquistas más combativos y líder de la resistencia en una amplia zona que abarcaba el norte de las provincias de Jaén y Córdoba, además de la provincia de Ciudad Real, consiguió alcanzar el exilio en Francia a finales de 1948 donde continuó su lucha contra el fascismo siendo elegido Presidente del Frente Marxista-Leninista Español en Francia hasta su fallecimiento acaecido en 1998 en la ciudad de Clermont-Ferrand. Antes de morir Francisco Expósito dejó escritas unas extraordinarias memorias inéditas donde se relatan numerosos episodios sobre su vida y su lucha en la resistencia armada antifranquista por tierras jiennenses y manchegas.

En octubre de 2003 viajé a París y a Clermont-Ferrand donde me entrevisté con su viuda, sus hijos y algunos antiguos amigos de Expósito con el fin de completar su biografía que, finalmente, quedó recogida en la obra “Vivir para contarlo”, primera entrega de la colección “Memoria Histórica”.

En las memorias, Francisco “El Gafas” él mismo dejó escrito que la guerrilla dio muerte a un enlace conocido como Pacheco, al que acusaron de dar información a la Guardia Civil sobre la ubicación el campamento guerrillero de “La Torrecilla”. Pero no aporta más datos sobre la identidad de Pacheco ni la ubicación geográfica de dicho campamento.

Tras numerosas indagaciones supe que “La Torrecilla” era un gran latifundio localizado en el Valle de Sierra Madrona (Ciudad Real) por entonces propiedad de D. Alvaro de Figueroa y Torres (Conde de Romanones). Hasta allí me desplacé consultando los registros civiles de todos los municipios de la zona hasta que, al fin, logré dar en Mestanza (Ciudad Real) con el acta de defunción de un “hombre desconocido” muerto violentamente y hallado en el sitio conocido como “Pilón del Lastrón” de la finca “La Torrecilla” el 22 de octubre de 1945. Indagaciones posteriores y ¿por qué no decirlo? grandes dosis de fortuna, supe que se trataba de Francisco Pacheco Moreno, un vecino de Andújar que actuaba de enlace entre el comité provincial del Partido Comunista ubicado clandestinamente en Andújar y la guerrilla de Sierra Morena.

En la posterior recogida de testimonios por la zona supe que un guarda forestal fue quien halló el cuerpo abandonado en el referido lugar en avanzado estado de descomposición y tenía la cabeza destrozada. Finalmente su cuerpo, cargado en una caballería, fue trasladado a una fosa de una diminuta aldea conocida como Solanilla del Tamaral, una pedanía del municipio manchego de Mestanza. Fue allí donde, tras numerosas indagaciones, localicé a Santiago Poyatos Morenas, el sepulturero que inhumó a Francisco Pacheco y que sorprendentemente aún vivía y recordaba la escena con gran lujo de detalles. Santiago se convirtió en una pieza clave por su generoso testimonio y su precisión al señalar el lugar exacto donde cincuenta y ocho años antes hubo enterrado al enlace iliturgitano.

Francisco Pacheco fue uno de los muchos detenidos por la Guardia Civil en la gran redada anticomunista de Andújar del 1 y 2 de agosto de 1945 y que costó la vida a varias personas y donde casi un centenar fueron encarcelados. La Guardia Civil, sabedora que los enlaces eran más útiles en la sierra que en la cárcel, condujo a Pacheco ante el implacable Coronel Eulogio Limia, por entonces Jefe de la Comandancia de Guardia Civil de Ciudad Real, famoso por la aplicación de expeditivos métodos para “hacer colaborar” a los enlaces conocedores de los campamentos guerrilleros. De echo existen testimonios de que Pacheco fue herido de un disparo realizado por la Benemérita. Obligado a guiar a los guardias hasta la guerrilla del “Gafas”, los hombres de esta guerrilla acabaron con él a palos creyéndole un delator. No vamos a entrar en valoraciones personales sobre este asunto. La investigación, recogida en mi libro “La fosa del Tamaral”, pone de relieve las durísimas presiones que debieron soportar tanto los guerrilleros (en tensión permanente por las emboscadas de guardias civiles disfrazados de huidos que causaron innumerables bajas en sus filas) como los enlaces los cuales, una vez detenidos, eran sometidos a palizas y amenazas de muerte estando su vida en permanentemente peligro entre los dos bandos que pugnaban por el control de la sierra: guerrilleros y guardias.

Lógicamente cuando comuniqué este hallazgo a las hijas de Pacheco se desataron las lágrimas. Dolores Capilla, esposa de Francisco Pacheco, en los umbrales de su muerte, barruntando la incertidumbre de una espera que se prolongaría más allá de su propia existencia y, dándolo definitivamente por “desaparecido”, quiso morir de la misma forma y expresó a sus hijas el deseo de ser enterrada de igual manera, como “desconocida”. Para ello ordenó que a su muerte le diesen sepultura en tierra sin colocar identificación alguna, ni lápidas, ni cruces, ni epitafios. No se cansó de repetir que si no podía ser enterrada con su esposo, quería desaparecer como él, sin dejar rastro, sin que nadie supiera dónde se hallaban sus restos. En paradero desconocido. Y así se hizo. Los restos de Dolores Capilla Moreno yacían sepultados, desde 1981, en un lugar ignoto del cementerio de Andújar sólo conocido por sus hijas. Una estremecedora historia de un amor arrebatado por un destino inmerecido. Por tanto, una vez localizados los restos de Francisco Pacheco hubieron de ser exhumados los de su esposa Dolores.

Reconstruido mediante documentos y testimonios tanto el móvil, como el modus operandi y la data aproximada de la muerte, se puso fin a esta historia largamente silenciada. Finalmente, las hijas de Francisco y Dolores han visto su deseo cumplido de que las exequias de sus padres yazcan juntos en el cementerio iliturgitano tras casi sesenta años de ausencia.

Se cierra, pues, un página más de la historia de la España profunda, de los coletazos de una guerra incivil y una posguerra inclemente que trajo el luto y el dolor a miles de familias españolas.
  


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© Todos los derechos de imágenes y textos reservados por el autor, Luis Miguel Sánchez Tostado.

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