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En la festividad de La Merced de 1956
Curiosa fotografía que pudo costar una vida en la prisión provincial

(Publicado en Diario Jaén, 30 de abril de 1995)

Prisión Provincial de Jaén: 43 presos políticos forman con sus cuerpos la palabra FRANCO en la festividad de la Merced de 1956Por Luis Miguel Sánchez Tostado

En 1956 el fotógrafo Joaquín Ortega Jiménez, personaje muy popular en nuestra capital, se dispuso a realizar varias fotografías para el Diario JAEN el 24 de septiembre con motivo de los actos a celebrar con ocasión de la festividad de La Merced patrona de Prisiones.

Por aquel entonces la cárcel se encontraba en las afueras de la ciudad, no había, como hoy, altos edificios donde poder fotografiar sus patios cómodamente desde un balcón; y por otro lado era costumbre que las autoridades del Centro impidiesen a toda costa que una cámara fotográfica entrara dentro de la cárcel. En cambio en aquella ocasión el director, José Serrano García, autorizó a Ortega a subir al tejado porque deseaba mostrar públicamente las habilidades del equipo gimnástico compuesto por unos 50 reclusos que había entrenado José Berrios Torres. La exhibición se realizó en el patio nº 1, fatídico recinto cuyos muros fueron unos años antes testigos mudos de amargos recuerdos de los que no viene al caso hablar ahora.
Se hallaban presentes, además de las autoridades penitenciarias, el señor presidente de la Audiencia Provincial, Serafín Jurado Pérez, el Excmo. Sr. gobernador militar, el Reverendísimo Señor Vicario General de la diócesis, el Ilmo. Sr. Vicepresidente de la Diputación, el Delegado Local del Patronato de la Merced, Ricardo Villegas Herrera, así como numerosos representantes de diversos organismos oficiales.


Escudo mercedario

En un lance de la exhibición los reclusos “...que estrenaban equipos completos de gimnasia: ostentando el escudo mercedario sobre los jerseys", se arrojaron al suelo formando con sus cuerpos la palabra F-R-A-N-C-O”, apellido del invicto Caudillo, detalle que arrancó un fervoroso aplauso de la concurrencia.

Ese fue el momento que inmortalizó con su cámara Joaquín Ortega y cuya instantánea, que hoy volvemos a reproducir, fue publicada en primera página del Diario JAEN el 26 de septiembre de 1956 (por entonces Diario de la Falange Española Tradicionalista y de la JONS).

Pero lo que no sabía nuestro intrépido fotógrafo es que, su autorización a subir al tejado no había sido comunicada al Cuerpo de Guardia por el Jefe de Servicios, así, el aviso del Comandante de Puesto a los centinelas de las garitas se retrasó más de lo necesario ya que entonces no estaban dotadas de telefonía o walkies. El guardia que se encontraba en la garita número 4, la que se ubica en la calle Obispo Estúñiga junto al portón del embarcadero, al avistar un individuo caminando sobre el tejado le descerrajó un tiro pasando el proyectil rozando la cabeza de nuestro fotógrafo que en ese justo momento se reclinaba para bajarse y que llegó -según dicen- a quemarle la oreja. El proyectil se incrustó eh la pared cuya marca aún puede verse.

El sonido del disparo provocó un tremendo alboroto entre los asistentes a la fiesta y una enorme inquietud entre las autoridades y reclusos produciéndose unos angustiosos minutos de confusión.


Sólo un susto

Al final todo quedó en el susto. La festividad de La Merced de aquel año siguió, celebrándose por la tarde y “tanto los reclusos como a sus hijos le fueron servidas suculentas comidas extraordinarias, la rondalla del Grupo Escolar Mariano Velasco actuó en una velada literario-musical cerrando el broche del día la banda de cometas y tambores de la Cruz Roja que interpretó varias marchas, el toque de oración y la retreta floreada (...), un día de verdadero solaz y esparcimiento por el éxito y brillantez de los actos celebrados”- según recogió la crónica de Diario Jaén.

Para Ortega el fotógrafo aquella fue una fiesta que no olvidaría nunca. Tembloroso y pálido marchó y ni siquiera comentó lo sucedido con la familia que llegaron a enterarse bastantes días después por terceras personas.
Valga, pues, este pequeño artículo como tributo homenaje a la valía profesional de este hombre ya fallecido, maestro generacional de profesionales de la fotografía que, en su afán periodístico, para ganarse el pan tan difícil en aquellos tiempos, realizó esta fotografía que pudo haberle costado la vida, la cual salvó milagrosamente. Esta instantánea, además de su tremendo valor documental sobre el rigorismo castrense penitenciario, nos ofrece un valor testimonial único cuya anecdótica forma de conseguida no llegó a trascender nunca.

Hay quien dijo que la Virgen de las Mercedes, en cuyo honor se celebraban las fiestas, desvió el proyectil para no enturbiar con sangre tan solemne día. Ya sea milagro o casualidad, la fotografía de Ortega constituye un verdadero testimonio de las costumbres penitenciarias de una época pasada. Una foto, pues, que vale una vida.
  


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© Todos los derechos de imágenes y textos reservados por el autor, Luis Miguel Sánchez Tostado.

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