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Un elemento decorativo en el que se grababan profundadas frases bíblicas
Los efectos psicológicos de las cartelas en los cautiverios jiennenses

(Publicado en Diario Jaén, 10 de septiembre de 1995)
Centro Penitenciario de Jaén
Por Luis Miguel Sánchez Tostado


Al pasar por la puerta de una cárcel ¿quién no ha sentido la morbosa tentación de mirar de reojo por entre sus rejas intentado adivinar algún secreto de ese misterioso mundo? Alguna vez hemos sentido un escalofrío imaginándonos sus lúgubres mazmorras con mugrientas paredes, aquellos carceleros sin escrúpulos de porra en mano, cientos de roedores... Y es que el edificio en sí nos impone un respeto tal que intimida y reafirma a las personas honradas en tal condición consiguiendo avivar el deseo de no ir nunca a parar a aquel ancestral y tenebroso mundo que, a la postre ha sido idealizado y exagerado por nosotros mismos fruto de nuestra propia imaginación. A esta intimidación psicológica propia de percepción de la represión ajena se le denomina “miedo vicario”.

Esto era bien sabido por los gobernantes y por eso multiplicaban esos efectos intimidadores y persuasivos con cartelas y lápidas colocadas en flameros, cornisas, dinteles y frisos grabadas con profundas frases bíblicas que hacían recordar nuestra condición de pecadores no libres de ser recluidos algún día. Frases que arañaban el alma, que desmenuzaban nuestros remordimientos y hurgaban en los entresijos de la misericordia humana.

Veamos algunos ejemplos:


Una heráldica que aceleraba el pulso

Cuando los cristianos nuevos y judíos­conversos de aquel Jaén de los siglos XV y XVI caminaban por el corazón mismo de la Aljama en la vieja calle de Santa Cruz y pasaban justo delante del siniestro edificio que desde 1483 hasta 1526 se habilitó como Tribunal y Cárcel de la Inquisición. Debieron tener el corazón en un puño cuando, sobre el dintel de la puerta, contemplaban el escudo heráldico del Santo Oficio y su cruz verde.

Enseguida acudía a la mente del viandante toda una maraña de imágenes: Autos de fe, cadalsos, hogueras, azotes, destierros, sambenitos, penitencias, efigies, tormentos, grilletes, potros, abjuraciones de leví y vehementi, confiscaciones.... una heráldica que aceleraba el pulso y hacía aligerar el paso para perderse rápidamente por las zigzagueantes callejuelas de la judería. iY no es para menos!

Otro tanto ocurría con la posible cartela de la "Cárcel Real" en la Plaza. de Cervantes que, a la chita callando fue bastante más dura y cruel que la de la Inquisición (cepos, potros, argollas maz­morras subterráneas, la corruptelas del Sota-Alcaide, los abusivos arbitrios del Alcaide, el barbero sangrador...). Y digo "posible" porque no se tiene constancia fehaciente de dicha cartela aunque sí debió tener escul­pidas en piedra las armas del Obispo don Francisco de Mendoza (1538-1543) quien tuvo la iniciativa de construir aquel complejo judicial y penitenciario que constituía la casa del corregidor, la del pregonero y la Cárcel Real.


Antigua prisión de partido de Baeza. Hoy ayuntamientoBaeza: la psicología de la misericordia

También en el siglo XVI, reinando Fe­lipe II, se construyeron en la provincia dos soberbios edificios para cárceles: la de Baeza (1559) y la de Martos (1567).

La primera, actual Ayuntamiento, magnífica obra plateresca del inigualable Andrés de Vandelvira presenta en su fachada las armas de Carlos I, las de la ciudad y las de don Juan de Borja que era entonces el Corregidor. Ménsulas adornadas con multitud de elegantes y caprichosa figuras y tres carteles localizado en la pétrea heráldica que preside la puerta: un león que en uno de los escudos enarbola un estandarte con el lema: "Coronado será el que en buena ley peleare". En los otros escudos pueden verse las siguiente leyendas: "Beatus qui intelligit super egenun el pauperem in die mala" (Dichoso el que socorre al necesitado en el día de la desgracia) y otro que pregona: "In medio justitiae misericordiae recordaberis: misericordia superexaltat juditium" (conciliarás la justicia con la misericordia: la misericordia enaltece el juicio).

Pudiera resultar algo paradójico tanto elemento decorativo para el objeto del edificio destinado a prisión pero, de esta manera, se conseguía el efecto deseado: que el viandante, deleitado por los motivos de la decoración pagana, terminase leyendo y reflexionando sobre los mensajes de aquellas cartelas. Y en ellas encontraba la severidad unida a la clemencia, pues en estos tres mensajes de la España Imperial los baezanos eran apercibidos de la obligación de respetar la ley y de la necesidad del socorro ajeno. Conceptos de justicia y caridad. Sobre todo de esta última ya que estas cárceles dependían casi exclusivamente de la caridad pública ante los insignificantes socorros del Concejo.

Cabe preguntarse por la efectividad real de los actos de constricción tras la lectura de estas cartelas. ¿Realmente los vecinos se rascaban el bolsillo para cumplir con la misericordia con los delincuentes, o se acostumbraron a ellas como un elemento más de ornato público sin reparar siquiera en su filosófico contenido?.


Martos: custodia por encima de todo

La cárcel de Martos, también actual Ayuntamiento, concluida ocho años después de la de Baeza presenta unos curiosos detalles dignos de mención.

Uno de los elementos psicológicos que más persuadía e intimidaba a los marteño, era sin duda aquellas columnas dóricas que enmarcan la puerta cuyos fustes aparecen prisioneros por anchas cintas de piedra que las ajustan a los muros y que, como bien decía el cronista don Alfredo Cazabán: "cintas que por esos muros corriendo horizontalmente, da ya la impre­sión de que la Ley refuerza las seguridades de la mansión donde están reclusos que no acataron ni cumplieron".

Parece como si la férrea custodia no dejara escapar ni a las mismísimas piedras. Esta contundencia y profusión psíquica del entorno crea una proyección inconsciente que actúa, sobre quien lo contempla, como estimulador del miedo vicario. Y por esta razón, pasan casi desapercibidos el Medallón con el escudo de los Austrias y una inscripción en el dintel de la puerta "Pacis Custodia Custos" (La custodia de la paz (es) el guardián) haciendo alusión a la importante función del carcelero que, con su vigilancia sobre los reclusos, custodia la paz social.


El humanismo de Arenal

En 1838 se habilitó como Cárcel Co­rreccional el ex convento de La Coronada sito en la calle Martínez Molina (en el solar que hoy ocupa la Plaza Alcalá Wenceslada).

A su entrada, en el zaguán y sobre la puerta del primer rastrillo se exponía la famosa frase de Concepción Arenal (1820-1893): "Odia al delito y compadece al delincuente". Esta humanista incansable del siglo XIX reivindicó con inusitado afán la caridad humana sobre los desgraciados que habían tenido la desdicha de caer reclui­dos, denunciando contundentemente el abandono, la desnudez y, en definitiva, los inhumanos procedimientos que se utilizaban contra un delincuente donde por entonces (siglo XIX) comenzaba a plantearse si no será el mismo delincuente una víctima de la sociedad. El hermoso mensaje de Arenal está lleno de contenido. Eran los primeros pasos de un humanismo penitenciario que comenzaba su andadura pero que aún se resistiría un tiempo a cruzar definitivamente los muros de nuestras prisiones pues, como ocurre con frecuencia, voluntad había poca, pero medios, ningunos.


El pragmatismo panóptico

Con la llegada de la República en 1931 se inauguró la nueva cárcel del Paseo de la Estación. La República llenó el país con cárceles radiales siguiendo la teoría del panoptimismo de Jeremías Betham que predicaba una arquitectura radial en las que, desde un punto central, podría controlarse cualquier ángulo de la Prisión. La de Jaén, con su trazado celular en forma de cruz, albergaba cuatro patios donde poder dividir a los reclusos de diferente condición.

No haría falta ya cartelas externas alusivas a la caridad o al obligado cumplimiento de la ley y mucho menos alusiones bíblicas. La frialdad republicana confiaba plenamente en el pragmatismo panóptico que debía ser garantía suficiente de eficacia y seguridad en la custodia. Así que su carte­las se limitaron a una simple leyenda sobre la puerta principal: "Prisión Provincial" y sobre una de las piedras que enmarcan dicha puerta la inscripción "Agustín Helguero/Arquitecto/1930". Cartelería de un sistema penitenciario que evolucionaba y no creía en los mensajes de misericordia decimonónicos.

Pero pronto apareció nuestra incivil guerra y con ella los encierros masivos, el hacinamiento, las ejecuciones oficiales, las encubiertas... Primero con una represión republicana descontrolada en sus primeros meses y después con una revancha franquista desproporcionada. Los primeros años de la postguerra fueron tremendamente crueles y las ejecuciones en Jaén alcanzaron cifras es­peluznantes (1.276 fusilados entre 1939 y 1949).

Sobre la puerta del 2° rastrillo (esta vez sólo a la vista de familiares y comunicantes) se colocó en 1944 una lápida de mármol con unas palabras del Caudillo que estuvo expuesta hasta hace pocos años: "Si se visitasen los establecimientos penales de los distintos países y se comparasen sus sistemas y los nuestros puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que no se encontraría régimen tan justo, católico y humano como el establecido desde nuestro Movimiento para nuestros reclusos, Francisco Franco. Madrid. 17 de julio de 1944".

La verdad es que desconozco a qué países se refería el invicto Caudillo, lo cierto es que dicha placa no se colocó en la fachada, ni siquiera dentro de la cancela, sino en el 2º rastrillo, seguramente con la intención de serenar a familiares y amigos de unos reclusos inquietos ante la avalancha de fusilamientos durante los diez años de posguerra.

Lo curioso es que este discurso no estaba cargado de cinismo, sino todo lo contra­rio: el Caudillo creía en sus palabras y pensaba que estaba car­gado de razón por encimo de todo. Tal vez eso fue lo peor.


El modernismo psicológico

Con la clausura de la vieja cárcel y la apertura del nuevo Complejo Penitenciario de máxima seguridad en 1991, comienza una nueva etapa donde la normativa penitenciaria nacida con la Constitución sí tenía visos de ser aplicada. Era el edificio fetén, el modernismo por antonomasia. Ya no existen cartelas, ni frases bíblicas, ni llamadas a la reflexión, ni discursos, pues se supone que, a estas alturas, la contundencia de las penas y la eficacia de una justicia limpia, independiente, y rápida era suficiente para imponer terror entre los delincuentes. Únicamente una plaquita conmemorativa a su inauguración ante la visita del Ministro: "se inauguró este centro penitenciario el día III-X-MCMXCI, reinando su Majestad Don Juan Carlos de Borbón y Borbón y siendo ministro de Justicia don Tomás Cuadra-Salceda y Fernández del Castillo".

Con la prisión nueva llegó la electrónica, la circuitería, los automatismos, la er­gonomía, la climatización y hasta avanzadas técnicas de vanguardismo estético pues, sobre el muro norte, que se encuentra bajo la primera garita de vigilancia, se realiza un enorme grabado modernista situado estratégicamente frente por frente de las oficinas de comunicaciones, paso obligado de cuantas personas visiten el establecimiento.

Bajo un enmascaramiento surrealista se grabó sobre el hormigón la figura de una horca y una escalera (tal vez el lector podrá interpretarlo con más objetividad- en la ilustración que se acompaña).

¿Qué se pretendía dar a entender con ese grabado? ¿Qué mensaje nos proporciona?

Tal vez avanzadas técnicas freudianas para la percepción inconsciente del ele­mento represor por excelencia: la pena capital. Una pena de muerte abolida trece años atrás pero dibujada en los muros de una prisión recientemente inaugurada.

¿Pretendían los técnicos o el artista que las mentes rememoren otros tiempos y valoren con mayor celo lo que se ofrece en los actuales? ¿Tal vez una insinuación de lo que fue y de lo que podría llegar a ser? ¿Una invitación al acatamiento, a la sumisión, a la reflexión?. No hay respuestas oficiales pero su efecto lo comprueban los funcionarios a diario:

- Manué, ¿qué e aquello?
- Po un horca modelna, ¿no lo ves?
- Majaré... ¡Po si ya no se ahorca a naide!, ¿o sí?
- ¡Tira palante y no seas mal fario!

Quizá el avanzado toque psicológico de un modernismo penitenciario difícil de entender sea una eficaz herramienta de intimidación subsconsciente ¿Quién sabe? Sea como fuere el dichoso grabado costó más de un millón de pesetas. Y es que las terapias de grupo están por las nubes.
  


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